Instituto de Música, Arte y Proceso, Máster de Musicoterapia, Varios

Nunca me ha gustado despedirme…

Imagen2

Nunca me ha gustado despedirme. Es una sensación que recuerdo desde pequeña. Decir adiós y notar una sensación de vacío y de profunda pena.

Sin embargo, si hay algo que nos han enseñado especialmente durante este tercer año del máster de musicoterapia, es que cuando te abres y sueltas, te encuentras en una disposición mayor para llenarte de nuevo. En otras palabras, es necesario vaciarse para recibir. Y así ha sido.

A lo largo de este fin de semana de cierre hemos tenido la oportunidad de vaciarnos y de sentir en lo más profundo de nosotros lo que esto significaba. Algunos, como yo, hemos intentado resistirnos. Es más fácil evitar las despedidas, y tendemos a posponerlas (“adiós… Pero nos veremos en noviembre”).

Sí, quizá sea verdad que nos veamos, pero hoy por hoy es necesario que nos despidamos, no solo de nuestros compañeros, sino de este recorrido que hemos vivido juntos, y de este proceso en el que el GRUPO ha tenido un lugar tan protagonista, elevándose por encima de la individualidad de cada uno, y enseñándonos, una vez más, que en la vida y en la terapia el “nosotros” está por encima del “yo” o del “tu”.

Ha sido precisamente haciendo un recorrido de lo que ha sido nuestro grupo a lo largo de los tres años (sus inicios, su consolidación, la superación, la autorregulación y la inevitable despedida) y sintiendo esta profunda pena por decir adiós cuando me he dado cuenta de algo muy relevante y satisfactorio a la vez: he vivido cada momento, y lo he aprovechado al máximo.

Al recordar las improvisaciones me recuerdo tocando, participando, escuchando y sintiendo los pelos de punta por toda la energía que transmitía nuestra creación grupal.

Al pensar en las presentaciones de nuestro instrumento en primero, recuerdo el miedo, los nervios, pero también el apoyo y el respeto del grupo, un conjunto de personas que ahora conozco mucho más, pero que en aquel momento ya sentía muy cerca y crearon un clima de confianza.

Al pensar en la supervisión solo siento el apoyo, la empatía, la identificación de unos con otros en este nuevo rol que hemos adquirido en nuestra vida, porque no podemos decir que nuestra actitud terapéutica se limite únicamente a la sesión, sino que hemos sentido que ha sido un reajuste de actitud ante la relación y el encuentro con otras personas. Y así me he dado cuenta de que en este grupo yo he sentido, me he emocionado, he aprendido y crecido rodeada, he estado acompañada, y lo mejor, he sido plenamente consciente de ello, desde el primer día en el que pasé a formar parte de él, he sido feliz, y solo puedo agradecer a todas y cada una de las grandes personas que lo componen, por ser, por estar y por compartir.

Ha hecho falta mucho tiempo para que comprendiera la verdadera importancia del cierre, de decir adiós y no hasta luego, y de agradecer. La figura de nuestro tutor ha sido clave para guiar este proceso, pero así es Patxi, una lección de vida hasta el último momento, la sabiduría hecha persona. Y solo nos queda dedicarle una palabra: GRACIAS, porque él nos ha enseñado parte de su significado y porque de él hemos aprendido toda la emoción que la llena y la envuelve.

Y para mi GRUPO, mis compañeros de vida y de profesión, solo decirles que hay emociones que no se pueden expresar con palabras, pero que no se pueden quedar en silencio, y esa es la razón de que nos hayamos conocido, para ser grupo, para ser familia, para ser musicoterapeutas.

Valeria Mederer (musicoterapeuta)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s