Instituto de Música, Arte y Proceso, Máster de Musicoterapia

Experiencia del Máster de Musicoterapia

Dicen que “la música es el espejo del alma”, y ahora, a escasos meses de terminar el primer año de Musicoterapia en el Instituto de Música, Arte y Proceso le encuentro sentido a esa frase. Recuerdo lo indecisa que me encontraba antes de apuntarme al máster, dentro de mí sentía una inmensa curiosidad nublada por una nube de nervios… Supongo que como muchos de mis compañeros. En el primer seminario del curso nos dedicamos a compartir entre todos nuestras metas, motivaciones y expectativas. Curiosamente, uno de los sentimientos que más destacaba entre mis compañeros y yo era el “Miedo”: miedo a hacer el ridículo, miedo a no estar a la altura, a elegir el camino incorrecto…

La palabra que describía mi estado aquel primer día era “Ilusión”, ilusión que fue menguando a causa de una época personal difícil, una de esas épocas en las que uno se siente a la deriva, sin rumbo, sin fuerzas… Esas fuerzas fueron saliendo a flote poco a poco gracias a  a los seminarios y a las actividades realizadas con los compañeros: dinámicas en las que, sin esperarlo, la música se convertía en mi idioma y aprendía a sacar todo el potencial que llevaba dentro. Esta experiencia me sirvió para ponerme en contacto y entender mis emociones de una manera diferente a como lo había hecho hasta entonces.

Echando la vista atrás me atrevo a decir que ese “Miedo” que sentíamos algunos en un principio se ha transformado en “Motivación”, gracias a que la formación que se nos está dando, a mi parecer, está siendo inmejorable. Una enseñanza completa, abierta a cada persona y que promueve el trabajo en grupo. La ilusión vuela en cada uno de nosotros y nos está dando la oportunidad de conocer el lado más humano de las personas, a comprender la música y envolvernos con ella redescubriendo creativamente lo que se esconde en lo más profundo de nosotros. Entendemos que la Musicoterapia nos pone en contacto con las emociones positivas, pero también con las negativas llegando incluso a ayudarnos a cambiar la percepción de las mismas; es importante saber que podemos utilizar la música como herramienta para  poder expresar lo bueno y dar forma a lo malo para poder sacarlo de uno mismo.

Por último, no me olvido de agradecer su trabajo a todo el claustro de profesores que hacen que salgamos de cada seminario con una inmensa satisfacción, con ganas de seguir aprendiendo y creando. Muchas veces al terminar las clases nos invade una sensación que nos deja pensativos, sin palabras, quizás es por eso que “La música comienza donde el habla es incapaz de expresar, la música está hecha para lo inexpresable”.

Ainara Asunción

Alumna de 1º del Master de Musicoterapia del Instituto Música, Arte y Proceso (Vitoria-Gasteiz)

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