Instituto de Música, Arte y Proceso, Máster de Musicoterapia

Habilidades clínico musicales del terapeuta

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Hablar de qué supuso el último fin de semana en Vitoria, en el que asistimos de la mano de Camino Bengoechea al seminario “Habilidades Clínico musicales del terapeuta”, es algo complejo.  Tengo la sensación de que fue una experiencia intensa para todos los alumnos y alumnas de primero, una verdadera  experiencia terapéutica. Y si generalizo de algún modo, es porque realmente creo que cada uno de nosotros y nosotras, en diferentes formas y niveles, vivimos la experiencia del seminario con Camino intensamente y salimos tocados emocionalmente por lo que pasó, tanto a nivel individual como a nivel grupal.

Creo que comparto con todos los grupos (no sólo el mío, sino con los alumnos y alumnas del resto de cursos), que todos los fines de semana en Vitoria son de algún modo terapéuticos.

Esta idea no sorprende si pensamos que una parte importante de la formación consiste y opino, debe consistir, como en la terapia, en la conexión hacia dentro, en la escucha interior, aprendiendo a estar atentos a lo que acontece, a lo que nuestro cuerpo vivencia, nos dice y transmite. Y además, en nuestro caso, expresarlo (y percibirlo), a través de la música. Al menos acostumbrarnos a ello, pues, si al fin y al cabo, el proceso terapéutico que llevemos a cabo con nuestros futuros clientes, consiste en eso, en la conexión con uno mismo, haciendo consciente lo inconsciente como diría Bettelheim, agudizando los sentidos hacia lo subjetivo, tendremos que empezar por ese trabajo, por ese proceso de revisión interior, desde nosotros mismos. Tenerlo presente, al menos.

Esto no debe sonar a novedad, claro. La importancia de vivenciar el proceso en primera persona se nos ha hecho llegar de uno u otro modo, desde la docencia en general, y la tenemos presente, desde que comenzamos la formación.  Y de hecho, todos y todas estamos viviéndolo, porque la misma formación es ese proceso en sí, creo.

Pero ocurre que, por una parte, no todos nosotros lo vivimos del mismo modo, como no podría ser de otra forma. Cada uno lleva su tiempo y su ritmo, su nivel de más o de menos consciencia del mismo, como en la terapia. No siempre es consciente el proceso. Y, como en la terapia, el proceso está lleno de resistencias, porque no es un proceso fácil.  En primer lugar porque eso de escucharse a uno mismo y ser conscientes de uno mismo en el mundo en el que vivimos, mundo rápido, lleno de estímulos, en el que escasea el tiempo y la programación y racionalización son máximas,  un mundo de vivencia más hacia el exterior que hacia el interior, no es sencillo.

También ocurre que en el primer curso aún somos unos novatos en esto. Todavía estamos un poco “perdidos”, descubriendo en qué consiste esto de la musicoterapia y de “ser musicoterapeuta”, conociéndonos, comenzando el proceso.

Así que, después de los divertidos y amenos (y no por ello menos enriquecedores a nivel de aprendizaje) seminarios de improvisación con Josep Porté, creo que Camino ha hecho un punto de inflexión con su presencia para hacer un poco de incidencia en la importancia de ese trabajo de escucha y de revisión interior que es previo a nuestro trabajo, para recordar su importancia, y qué mejor forma de transmitirlo que haciéndonos vivenciarlo y experienciarlo el fin de semana en nuestros  propios cuerpos y en el grupo, haciendo de nuestro proceso algo consciente a través de las diferentes dinámicas con las que trabajamos.

Aprendimos que el silencio es fundamental en el proceso. Que es difícil, pero por él se empieza. Y desde ese silencio, durante el fin de semana, comenzaron a surgir conexiones, creo que en cada uno de nosotros, hacia dentro, pero también hacia fuera, compartiendo y vivenciándolo con el resto del grupo.

Para mi fue muy emocionante y queda conmigo como una experiencia importante, intensa, y además, muy bonita.  Ha habido luces de consciencia, a nivel individual y a nivel grupal, y eso es precioso. Ha sido terapéutico de verdad. Hemos conectado, desconectado, han surgido resistencias, conflictos, contradicciones…se ha hecho terapia, esa es mi percepción.

Creo que a todos nos ha tocado y ese tocar es necesario. Y este creo que es el aprendizaje más importante. Tengámoslo presente, no ahora, sino siempre.  Escuchémonos más a menudo. Habituémonos al silencio. A ser conscientes de lo que pasa en nuestro interior, a sentirlo. Busquemos huecos, parémonos de vez en cuando y entendamos lo subjetivo. De algún modo, tengamos presente la esencia del trabajo terapéutico empezando por nosotros mismos, porque hasta que no sepamos conectar con nosotros mismos, difícilmente podremos ayudar en ese mismo proceso a las personas futuras con las que trabajemos.

No se si es algo personal, si es fruto de la espiritualidad que me acompaña últimamente, no se si lo comparto, pero como Camino, creo que es necesaria esa escucha y ese pensarse y he conectado muy bien con sus enseñanzas.  Y creo que esto es, y debe ser, una base de nuestra formación y de nuestro futuro como musicoterapeutas.

 

Martina Mora. Música, trabajadora social, socióloga y alumna de primer curso de la Formación de Musicoterapia del Instituto MAP.

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