Instituto de Música, Arte y Proceso

Seminario – Habilidades clínico musicales del terapeuta: Rol-Playing

En la formación en Musicoterapia resulta de vital importancia que se produzca  un aprendizaje práctico y vivencial. “De la teoría a la práctica”, señalaba Wigram. Ese es el viaje en el que nos hemos embarcado las alumnas y alumnos de 2º curso del Máster de Musicoterapia del Instituto MAP el pasado fin de semana del 15 y 16 de febrero.  

Pero… ¿Cómo aplicar los conceptos teóricos y las habilidades musicales adquiridas a lo largo de este año y medio en el contexto de una sesión?

El rol-playing se nos presenta como una oportunidad para un primer contacto experiencial con la realidad profesional. Somos estudiantes y nos “transformamos” en clientes, terapeutas y observadores. Estos tres papeles se conjugan para explorar la sesión de Musicoterapia, todos imprescindibles para sacarle el máximo partido a la experiencia.

Tenemos dos salas: una para llevar a cabo las sesiones,  otra para poder observar a través de una pantalla -y sin interferir- todo lo que en éstas sucede, y para posteriormente hacer una puesta en común sobre cómo hemos vivido lo que ha sucedido combinando las diferentes perspectivas, en un  dinámico y enriquecedor proceso de retroalimentación.

Tenemos a las profesoras, profesionales que nos guiarán en el trayecto. Y nos tenemos a nosotros, con todo lo que traemos, con todas nuestras ilusiones, nervios, ideas, instrumentos, capacidades, aspectos a fortalecer, canciones, dudas, circunstancias personales… Es un gran reto e incluso antes de empezar se respira en el ambiente que éste será un importante punto de inflexión en nuestro proceso formativo, que vamos a poner mucho de nuestra parte (cada uno a su manera), que es muy probable que nos expongamos a vivencias intensas y que para ello necesitamos un entorno de trabajo seguro, así como partir de un profundo respeto y confianza en el grupo.

El enfoque profesional de esta vivencia implica que los alumnos que desempeñan el papel de terapeutas tengan que enfrentarse previamente a la planificación de una sesión (objetivos, necesidades de los clientes, estructura, setting, rol del terapeuta, técnicas…) partiendo de un marco de trabajo consistente. Los que desempeñen el papel de clientes han de ponerse en la piel de las personas con las que en un futuro podríamos trabajar, con todo lo que ello implica a la hora de desarrollar la capacidad empática y el conocimiento de los diferentes tipos de poblaciones clínicas y sus necesidades. Por último, los observadores deben poner el foco en diversos aspectos relevantes de la sesión (interacciones musicales, proceso grupal, abordaje terapéutico…). Y aunque partamos de una situación ficticia todo ha de ser lo más fiel posible a la realidad.

Media hora dura cada sesión, treinta minutos de reloj (y los minutos son otro protagonista relevante en la experiencia) Pero no es cualquier media hora porque en el meollo, dentro de esa sala,  la percepción temporal cambia.

Es así como me acuerdo de Marta, la niña de siete años con síndrome de Rett  que recientemente ha descubierto que le gusta dar palmas. Es un personaje ficticio, pero siendo ella , “jugando” a ser ella durante “treinta minutos”, puedo llegar a sentir que ante todo Marta es una niña, una niña con necesidades muy concretas, a la que le gustan las canciones, los juegos, que le hagan caso y buscar de dónde provienen los estímulos sonoros. ¿Qué trae Marta a la sesión? ¿Y qué se lleva de la sesión cuando ésta termina? ¿Cuánto de mí había en Marta? ¿Cuánto de mí he despositado en cada cosa que he observado? ¿Qué me llevo yo de esta sesión intensa prolongada a lo largo de todo el fin de semana?

Me llevo risas, sabias reflexiones, responsabilidades, muchos y variados puntos de vista, ideas, muchas ideas; sensación de estar un poquito más cerca de la profesión; sensación de tener que aprender mucho aún para algún día, quizás, poder ser musicoterapeuta; me llevo conciencia de una necesidad vital de comunicación unida, precisamente, a una sensación profunda de comunicación;  pero sobre todo, sobre todo… me llevo muchas ganas  de  compartir MÚSICA.

Maria Gonzalez Graña titulada superior en piano y profesora en la Escuela Municipal de Música de Moaña (Pontevedra). Alumna del segundo curso del Master de Musicoterapia del Instituto MAP

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